Plaza de La Recoleta

 

 

 

 

Se llega a un núcleo de confiterías y restaurantes muy exclusivos, alineados sobre el paseo peatonal que se extiende por 2 cuadras, desde Quintana hasta la calle Vicente López. Hacia un lado del paseo pueden encontrarse más de 20 restaurantes y confiterías. El tradicional La Biela, que en su momento fue el lugar de desfile de los más sofisticados últimos modelos en automóviles y motos, hoy conserva la tradición de sentarse a mirar, ahora extendida a los otros cafés vecinos. Los hermosos jardines de la plaza, unidos con las mesas y sillas distribuidas bajo los árboles frondosos, crean distintos patios entre plantas y muy elaboradas decoraciones.
Es un lugar de gran belleza y muy concurrido de día y de noche. En los asoleados días de invierno el público ocupa las sillas para tomar sol y en verano está protegido por coloreadas sombrillas. Entre los paseantes verá los singulares “paseadores de perros”, que conducen atados por correas, hasta 20 perros de diferentes razas y tamaños a una vuelta matinal por la plaza.
Destaca el Gran Gomero centenario, un referente muy importante y querido por todos los porteños. Su copa es de unos 50 m de diámetro y unos 20 m de altura, su tronco está formado por concavidades y grandes ramas salientes sostenidas por puntales de madera. Su nombre botánico es Ficus macrophyta, oriundo de Australia, y es entre todas las especies arbóreas la que alcanza mayor ruedo. Sus ramas son el lugar preferido para el juego de los niños.
La Gran Plaza, enmarcada por hermosas farolas, se alegra los fines de semana por la tarde por funciones de mimos o teatro itinerante. Es lugar de paseo de familias con niños y también de juventud atraída por la vida de los cafés, los eventos culturales y la feria artesanal. Se la llama la Plaza de la Recoleta, pero en realidad comprende la unión de varias. Comienza en la puerta del Cementerio hasta la Av. Alvear, continúa con la plaza San Martín de Tours cruzando la Av. Alvear y luego la plaza Intendente Alvear, hacia abajo de la barranca. Estos terrenos correspondieron a una suerte de chacra que Garay otorgó al Cap. Rodrigo Ortiz de Zárate en 1583. Más tarde fue vendida y a comienzos del siglo XVIII la Sra. Gregoria Herrera y Hurtado la donó a los frailes recoletos.